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REFLEXIÓN POR EL DÍA DEL MAESTRO |
El 6 de Julio se celebró una vez más el Día del Maestro, conmemoración que nos invita a reflexionar sobre cómo estamos desarrollando nuestra tarea, en un contexto que nos enfrenta cada día a nuevos retos y posibilidades.
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Los seres humanos vivimos situaciones de gran contraste; si en el contexto mundial se producen rápidos avances en los campos científico y tecnológico y numerosos países ratifican Tratados y Convenciones Internacionales de Protección de los Derechos Humanos, cotidianamente, basta echar una mirada a los periódicos para comprobar que las relaciones entre los seres humanos no han mejorado sustantivamente. La guerra, la violencia, el hambre y la explotación siguen siendo devastadores para millones de mujeres y hombres.
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Ante estas circunstancias, vale la pena pensar qué podemos hacer, como maestros y maestras, para coadyuvar a forjar un planeta más habitable, en todos los sentidos. Desde las aulas es posible cooperar en la construcción de sentimientos, actitudes, conductas y pensamientos que favorezcan el bienestar general.
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Para que este futuro no sea sólo una utopía, nuestras escuelas están en la obligación de inculcar el respeto, la protección y defensa de los derechos humanos. Así construiremos una sociedad de ciudadanos, es decir, de hombres y mujeres cuyos derechos y deberes formen parte de su vida cotidiana.
Pero detengámonos a reflexionar unos instantes sobre algunos aspectos de nuestro trabajo en el aula. Ante todo, como docentes, tomemos plena conciencia de la importancia de nuestro papel, en la sociedad.Ser docentes no se limita a cumplir como simples "transmisores" de conocimiento o evaluadores del progreso académico del estudiante. ¡No! Nuestro trabajo es mucho más profundo y trascendental.
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Con razón, hemos escuchado a algunos colegas decir que en una sola mañana deben cumplir con labores de padre de familia, psicólogo, trabajador social, enfermero, sacerdote, abogado o deportista. El maestro o la maestra, sin ser especialista en estas disciplinas, cumple, muchas veces, con tareas propias de cada una de ellas.
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Ahora, hablemos del estudiantado. Son la razón de ser de nuestro trabajo. Les debemos un especial respeto. Y ese respeto se vislumbra dando el planteamiento de la clase. ¿Tomamos en cuenta sus intereses en esa labor?, los objetivos que logramos ¿son realmente significativos para ellos?, ¿de qué vale cumplir con los propósitos de un programa educativo si no llega a captar la atención del estudiante, a emocionarlo, a motivarlo a investigar por su propia iniciativa, a ver en el estudio un deleite?
El estudiante, en una sociedad democrática y respetuosa de los derechos humanos, ha de formarse en un clima de libertad y autonomía. Una persona autónoma se desenvuelve según su propio criterio. Podemos afirmar que un ser autónomo es un ser libre. Y esa libertad, no hay que temer, no lo conduce al libertinaje.
Fomentamos la libertad cuando logramos, que realmente, el estudiante se convierta en el eje del proceso educativo. Cuando propiciamos en el aula el diálogo, el encuentro de ideas y la capacidad de proponer soluciones.
A veces, los educadores deseamos tener una “fórmula mágica” que nos permita transmitir valores como los mencionados: libertad y autonomía. No obstante, los caminos para cumplir los objetivos son múltiples y algunos resultan más intrincados que otros. Pero no perdamos de vista que los valores no se cultivan con palabras, sino con acciones. Si el maestro y la maestra tratan con respeto a sus educandos, obtendrán el respeto de éstos. Si sonsolidarios, obtendrán solidaridad de ellos.
La Declaración de los Derechos del Niño de 1959 y la Convención sobre los Derechos del Niño, de 1989, enfatizan las condiciones de bienestar en las que debe desarrollarse todo infante. Esas condiciones de bienestardeben existir no solamente en el hogar, sino, en la escuela.
Terminaré citando al gran escritor peruano José María Arguedas
“El Maestro debe tratar de descubrirla fe que hace posible que el ser humano viva, el impulso que lo anima a seguir adelante. El hombre,cuando pierde la fe, se convierte por lo general en un amargado, en un destructor de la sociedad.
Entonces, la manera de descubrir cuál es la fe, cuáles son los impulsos que en un pueblo alientan a vivir, alientan a progresar, a permanecer en este mundo, eso hay que descubrirlo y si un maestro lo descubre,tendrá en sus manos la modelación no solamente de los niños sino de toda la comunidad”
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